No camina sobre el suelo


... sino en los más dulces de los seres, donde además habita: en las almas de los dioses y de los hombres tiene la morada. Pero no en todas. Es flexible y tenue, casi inadvertido atraviesa las almas, se instala y las dulcifica y luego se marcha también inadvertido y tan inerme como entró, como si nada.